VIVIAN TABBUSH (Z´L)

La música está de duelo y la música coral en Hebraica está de duelo. Víctima de una enfermedad impiadosa que no respeta tiempos ni valores, falleció un maestro, un amante incondicional de la música. Escribir su nombre ante esta irreversibilidad, entristece, emociona, causa mucha pena, mucha.

Vivian formaba parte de una familia de músicos, que en algunas ocasiones se dedicaban a tocar música de cámara. Nació en su entrañable Buenos Aires, donde más allá de fugaces tránsitos por las Facultades de Ciencias Exactas y Filosofía y Letras, comenzó a estudiar música, a develar sus secretos, a construir lentamente un profundo apasionamiento por el idioma universal que brota de un pentagrama y seduce y enriquece el espíritu del creador y del oyente. Vivian fue siempre protagonista de este rol transmisor. Estudió con Guillermo Graetzer, Pedro Valente Costa y Jacobo Ficher, nada más ni nada menos. Fue cellista con el arco en la mano, fue compositor y sobre todo arreglador. En este último rol, fueron notables sus arreglos para distintos conjuntos de música judía tradicional y contemporánea. Hoy, por supuesto, se siguen interpretando.

La dirección del Coro “SHArim” de la Sociedad Hebraica Argentina, fue – digamos, sigue siendo- fundamental en su vida. Desde las sedes de Hebraica, condujo al coro por múltiples itinerarios aquí y en medio mundo. Teatro SHA, Teatros San Martín y Cervantes, Catedral Metropolitana, Auditorio de Belgrano, Museo del Holocausto… es decir, los principales escenarios de Buenos Aires y Brasil, Uruguay, Israel… Muchísimos lugares más, donde fueron embajadores extraordinarios de la música judeo argentina y universal. Inclusive, dentro de un vasto y heterogéneo repertorio, incursionaron en la comedia musical: “Al Gran Shlomo Argentino, Lejaim” en el Centro Teatral la Plaza y “El arca de Noelia” en el Teatro El Cubo, con texto de Claudio Frenkel y – por supuesto – música y dirección de Vivian.

¿Los creadores nos dejan? Nos dejan el enorme bagaje de sus enseñanzas y de sus creaciones. Para seguir escuchando. Es un legado que la muerte personal no interrumpe.

Queríamos escribir estas palabras para tratar de enlazar la tristeza con el agradecimiento.

Vivian Tabbush, un maestro de la música coral, que nos sigue ayudando a vivir mejor.

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