Qué me da Ser Madrij…

Qué me da Ser Madrij siendo un millenial

La pregunta en realidad está mal formulada ya que, desde la etimología de la palabra madrij, la pregunta no debiera ser qué me da sino qué doy yo.

Ya que Madrij viene de Leadrij, “Dirigir, guiar”, y más específicamente viene de la acepción “derej”, camino, ruta. Y dirigir en español, no es una palabra que aluda a un estado egocéntrico del ser. ¿qué quiero para mí, o que me dan a mí?, sino que alude a otros. No hay dirigente sin dirigidos, si no hay a quien dirigir no hay como hacerlo.

Cuando uno va delante de una kvutzá marchando, hay que tener un grupo, alguien debe ir detrás para que desde afuera se distinga que ahí va un madrij. Cuando yo hago una peulá, tengo que tener a quien dársela, sino por más anibá que me cuelgue del cuello, o haya sido invitado por mi institución a ser madrij, en realidad estrictamente no lo soy. Por lo tanto, ser madrij es un sustantivo dependiente. dependiente de que existan otros que me validen como tal y por tanto No hay madrij sin janijim, y no me refiero a que sean tu kvutzá, puedes ser madrij de juguim, y el concepto es el mismo. En el fondo la palabra madrij alude más a un dar que a un recibir.

Hemos escuchado tantas veces que al dar es cuando mas recibimos, pero es un dilema difícil para un joven millenial, criado casi seguro sin ninguna privación básica y muchas veces incluso con exceso de todo y acceso a mucho. Entonces no es tan fácil comprender la frase “dando se recibe”, y cosas así.

Ustedes han crecido en la cultura del quiero recibir más, qué me das tu que no me da el otro, la era del clientismo. Ustedes mismos se desilusionan al salir madrijim y toparse con un conjunto de niños egocéntricos que te cuestionan, te encaran con esa misma pregunta, te critican, te cambian por su celular si la peulá está mala, se van de las actividades a jugar por su cuenta. Ser madrij cuando los papás toman a la tnuá como si fuera una guardería, o bien los cambian de tnuá al primer quejido del niño, o porque les queda más cerca, es bastante irritante.

Dicen las ciencias humanas que vivimos en tiempos líquidos, sin profundidades, sin mucho sentido. Hacemos muchas cosas porque está de moda, porque todos lo hacen, porque me da un minuto de goce y placer y eso ha golpeado fuertemente la hadrajá. Con respeto lo digo, hasta los mismos madrijim a veces dudan si seguir porque se frustraron, porque el cargo que les dieron no les gustó, o en el grupo madrijim de la shijvá o tzevet no están sus amigos. Todos quieren satisfacciones personales, madrijim y janijim, y no es su culpa, son estos tiempos donde las banderas de lucha son la satisfacción y el disfrute rápido. Y podría ahora mismo en esta charla pararse alguien y cuestionarme, decirme si las cosas son así y en esta cultura vivo, por qué en la tnuá insisten en que seamos distintos. Por qué me tendrían que importar los niños, el judaísmo, los valores macabeos, sacrificar mi sábado haciendo algo a veces agotador, a veces desmotivante y muchísimas veces, frustrante. Yo pienso, porque en el fondo si te lo permites, vas a lograr sentir y vivenciar que lo que recibes es mucho, aunque a veces sea invisible en el momento, y de eso hablaré más adelante. Te diría que si miras bien, tú mismo quieres y necesitas hacer cosas vibrantes, desafiantes, que vayan más allá de la diversión que dura apenas unos minutos.

Por lo tanto, ser madrij hoy, es casi una contracultura, una utopía, un romanticismo un poco añejo, a veces muy alentado por padres como yo que también fuimos madrijim, y recordamos esos años, como los mejores días de nuestra juventud. Y no les mentimos, no es que no hayamos tenido janijim inaguantables, un rosh al que matarían, sganim soberbios que sentimos que no hacen nada y la pasan mejor, o sábados frustrados porque las cosas no nos salieron.

Y ahí tienen razón, yo tengo una ventaja sobre ustedes, realmente eran otros tiempos donde el valor del grupo era superior a las individualidades, donde tener un grupo de pertenencia era valioso y donde las ideologías eran importantes. Hoy existen las comunidades virtuales, no necesito ir a la tnuá para tener amigos, ni tampoco para adherirme a una buena causa, puedo hacerlo por internet y es instantáneo, hoy existen muchas formas de lograrlo que están en mi mano, sin moverme sin exponerme, sin frustrarme ni sacrificarme.

Yo podría decir vale la pena venir a la tnuá porque me convoca su ideología, pero hasta la palabra ideología suena añeja, desconocida. ¿De verdad será importante?

¿Tiene un valor para mí declararme suprapartidario en relación a la Knesset, como madrij me importa la Knesset?, o me acuerdo de que soy judío cuando me asusto porque en mi universidad o en mi colegio apareció una pared pintada contra los judíos? ¿Soy judío por acción o reacción?, ¿realmente valoro el pluralismo y la diversidad que son valores de mi tnuá, me importa eso?, que sería luchar contra el antisemitismo? ¿Mirarnos las caras todos los sábados y decir que es un orgullo ser judíos, y que en la historia los judíos han hecho cosas increíbles, y entre nosotros aplaudirnos o festejarlo? o también luchar es traspasar las puertas de la institución, es conectarnos con el afuera también, mostrar a otros quienes somos y cuál es nuestro aporte.

Pero para eso hay que pensar, pensar en qué quiero entregar como madrij, pensar qué legado quiero dejar en los janijim, en romper la cultura de la apatía y la burla, la superficialidad, la competencia bruta por los números y los rankings de janijim, de copas ganadas, de festivales y concursos donde arrasamos, que a todo esto, no está nada de mal que nos vaya tan bien. Si podemos ganar hagámoslo. Pero no solo ganemos, por ejemplo, ¿les leemos a los janijim la letra de la canción con que competimos, la usamos en una peulá?, mostrémosla en maccabi a los papás, que vean nuestro trasfondo educativo.  Si competimos y ganamos en deporte que es nuestro fuerte y nuestro lema desde nuestra mas remota creación, también contémosle a los janijim otros triunfos judíos, luchas batallas, bíblicas y contemporáneas, triunfos físicos, materiales y científicos y espirituales. Hagamos de cada acto una oportunidad educativa.

¿Por qué hacemos majanot en lugares donde en nombre de bitajon, no interactuamos con nadie de la zona, no conocemos las necesidades del lugar, no salimos a pintar un colegio, a arreglar una sala para tercera edad con nuestras kvutzot mayores? De nuevo, no es por su culpa, es porque vivimos en tiempos egocéntricos, más centrados en nosotros mismos que en los demás, en nuestra diversión por lo tanto no hay nada muy trascendente que a veces dé un valor extra al decir quiero ser madrij, quiero hacer una diferencia, quiero dejar una huella. Lo que los desvela y apanica es que el janij como un emperador romano cruel levante su dedo para arriba o para abajo, nos dé su “like”. Y eso es una tergiversación, hagamos contracultura. Yo los entiendo, están en un tremendo problema, ¡porque no solo ustedes mismos o sus janijim quieren la vida fácil, la satisfacción rápida y el goce permanente, los papás también!! Están como hipnotizados, Son niños talla 50. No por nada hoy en día hay películas que se pueden titular “Son como niños”, no es comedia, muchas veces es la realidad. En mi época -frase que odian mis hijos, pero es así- esa película no habría tenido ni un espectador, porque a los adultos les daría vergüenza, no se sentirían identificados, no les habría causado gracia… tal vez es cierto, éramos un poco graves en esa época, demasiado serios para ser jóvenes. Pero de todas maneras lo que era valioso en esos tiempos es que el janij era un niño, no un par nuestro, y hoy en día hay que recordárselo, que aprenda a jugar, que deje de hacerse el grande, que disfrute su etapa y que abandone la soberbia y eduquemos también al papá, mostrémosle quienes somos que hacemos y que no somos la alternativa para su siesta o quien sabe qué.

Somos testigos y protagonistas de un tiempo y una cultura blanda sin ideología, ojalá sin discusiones, donde ojalá no haya mucho debate y en nuestro caso, las reuniones o asefot terminen temprano para ir a pasarlo bien. Es como si en la tnuá en analogía con el deporte, no importara a qué juguemos ni cómo nos desempeñemos, lo divertido está en el tercer tiempo ojalá con hartas cervezas y asadito y no en el partido que jugamos ni el deporte que hacemos.

Esto que digo es real, pasa en todo el continente y en el mundo occidental, estos problemas no los enfrentan solo los madrijim de las tnuot, ni las mifkadot que a veces no saben cómo detener las renuncias y fuga de madrijim. Les pasa también a los colegios que no saben cómo encantar, convocar y motivar al aprendizaje a sus alumnos, les pasa a las empresas que no saben como retener a los profesionales jóvenes -más preocupados de la cantidad de días de vacaciones y regalías de la empresa que del trabajo que les tocará hacer- y solo por un rato porque después me voy a viajar. Son signos de nuestros tiempos y hay que lidiar con ello, así es este siglo. Porque también lo millenial tiene cosas buenas, muy buenas. Saben gozar, saben luchar por lo que les gusta, saben emprender y no temen tanto a lo desconocido, saben usar tecnologías y las disfrutan, saben hacer campañas en 2 minutos, levantar un tema y hacerlo trendy, gozan mezclar, probar, reciclar, romper esquemas y todo eso puede ser un tremendo valor en la tnuá y ustedes lo llevan en su ADN, porque ustedes son millenials.

A decir verdad, siempre ha sido complejo motivar a los madrijim, siempre ha habido mifkadot jodidas, o demasiado dóciles, o muy aburridas, siempre ha habido padres patéticos otros críticos y sobre todo, en Maccabi siempre hemos sido criticados por descomprometidos, siempre se ha confundido nuestra filosofía inclusiva, de amplitud de ideas y valoración de lo diferente, como falta de solidez valórica. Nos han visto como algo light, sin discursos fuertes. Que somos poco sionistas, o poco religiosos, o poco scouticos, la aceptación de la diversidad nos condenó a la crítica siempre.

¡¡Pero han llegado nuestros días!! Estamos en el mejor de los tiempos, hoy la capacidad de ser amplio, inclusivo, haciendo valer más lo que nos une que lo que nos diferencia, es un valor, está de moda y creo que llegó para quedarse por eso los invito a que lideren esta causa. Por fin es un valor que se discuta sobre la kashrut o el sionismo y no una blasfemia, y podamos aceptar con respeto sincero todas las posturas y que eso no sea visto como signo de debilidad valórica sino de aceptación y auténtico compromiso con la lucha contra la asimilación. Nos importan todos, que todos estemos y todos quepan mientras respetemos a la tnuá y sus valores. Nuestras diferencias caben si son discutidas con altura de miras en nuestras moatzot, en nuestras asefot, en nuestras peulot. Por fin poder tener en la tnuá gente anti palestina, gente pro palestina, gente religiosa y gente laica, sea un valor y no una ambigüedad. No somos ambiguos, somos amplios y eso debemos aprovecharlo, pero hacerlo en serio. Pensando, trabajando y discutiendo nuestras ideas, nuestras posturas.

Y todo esto depende de la motivación, de todos y cada uno. La mifkadá que encanta a su majlaka y a sus roshim, que encantan a sus madrijim y a su vez los madrijim que encantan y motivan a sus janijim, va a lograr hacer una tnuá fuerte y triunfante. Ser madrij es una actitud activa y no pasiva, en realidad nunca lo fue. La magia del madrij está en su actitud proactiva, por eso no cualquiera puede y quiere ser madrij.

Por el contrario, esta archidemostrado que ser madrij te deja enseñanzas para la vida indiscutibles. Muchas de las cosas que para otros son una dificultad espantosa, a nosotros nos salen naturales, llevamos años haciéndolas y viéndolas hacer. Hemos visto ser creativos a otros y hemos entrenado la creatividad mil veces, hemos visto de nuestros madrijim tremendas planificaciones y también nos ha tocado encabezarlas. Palabras como presentaciones orales, motivación de equipos, lanzamiento de campañas, objetivos, no tienen ninguna novedad a nuestros veinte años, lo llevamos haciendo desde los 17 y lo venimos viviendo desde que tenemos memoria.

Entonces llegas a tus 50 años como yo, y has dado, charlas, hecho clases, atendido pacientes, dirigido equipos, organizado congresos y maccabeadas, encabezado movimientos, liderado protestas, y no es porque sea especial ni demasiado talentosa, es porque he sido madrijá y lo sigo siendo y haciendo en cada acto de mi vida, como mujer, como mamá como terapeuta y como profesora. Muchas veces la gente te pregunta de dónde sacas tantas ideas, de a dónde sacas tanta energía, y yo digo de un solo lugar, de ir a mi interior y encontrarme con la maccabea que llevo dentro.

Por eso, podemos concluir que el dilema de ser millenial y madrij tiene un gran final, un final feliz ya que podemos juntar lo mejor de los dos mundos.

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