Mitnadev y los viajes a las escuelas rurales

El asado multitudinario en El Rabón, el abrazo

del reencuentro en Perugorría, la calma de las sierras en La Calera y el inconfundible aroma del monte misionero.

60 voluntarios adolescentes arman sus mochilas, livianas, porque lo más interesante es lo que traerán de vuelta: un dibujo, una sonrisa, algunas fotos y el recuerdo imborrable de los días compartidos. Kilos y kilos de experiencias sólidas que son materia inquebrantable en un mundo cada vez más líquido.

Muchos le llaman “solidaridad”, “padrinazgo” o “acción solidaria”.

Nosotros no tenemos palabras suficientes para definirlo pero seguro que sería algo muy parecido a “emoción”.

Que quede claro, no negamos las realidades sociales de las poblaciones olvidadas del campo argentino, pero no es nuestro propósito explicarle a nadie cómo tiene que vivir. Inclusive, creemos que mucho tenemos que aprender nosotros, y en ese plan es que viajamos.

Llevaremos donaciones, planificaremos actividades y estaremos dispuestos a lo que nos propongan los chicos y chicas, los maestros y maestras y sus familias. No lo hacemos por deber, lo hacemos por placer. El placer de sentirnos queridos y con capacidad de querer, conmovidos y con capacidad de conmover, vitales y con capacidad de dar vida.

Viajes Mitnadev

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