Januka, la fiesta de las luminarias

 

La Fiesta de las Luminarias

Una vez mas el calendario hebreo nos indica el comienzo de una de las festividades mas significativas del año judío.

El próximo 24 de Kislev – domingo 2 de diciembre – comienza Januca, la fiesta de las luminarias. Como en todas las celebraciones de nuestro calendario, es una nueva oportunidad para recordar hechos del pasado, resignificarlos en el presente y orientarlos al futuro.

En el siglo II a.C., la Tierra de Israel era una provincia del imperio griego. Cuando se corona como rey de Siria a Antíoco Epifanes, este decide helenizar a los súbditos de las distintas provincias mediante la prohibición de religiones locales y la obligación de adorar a los dioses griegos.

Mientras la mayoría de los pueblos se sometieron al edicto, solo resistieron los judíos, librando una eficaz guerra hasta que los conquistadores cedieron.

Fueron los Macabeos, un grupo de judíos liderados por Yehuda Macabi, quienes organizaron la rebelión, negándose a realizar actos que iban en contra de su propia religión. Tuvieron una lucha difícil, y eran minoría contra el ejército griego; sin embargo, su estrategia, decisión y fe los condujo al milagro de Jánuca. Según el Talmud, al terminar la guerra, los Macabeos regresaron a Jerusalén y encontraron el Sagrado Templo profanado, con la menorá (candelabro) apagada, y aceite ritualmente puro suficiente para encenderla un solo día. Sin embargo, el aceite alimentó la llama durante ocho días.

Toda festividad debe contener una idea, y el heroísmo, por sí mismo, no es suficiente para el pueblo judío que posee una experiencia histórica milenaria.

Nuestros sabios sostenían que no existe motivo alguno para enorgullecernos únicamente por la victoria militar y es por eso que los pensadores judíos han dedicado más energía y tiempo al interrogante: ¿Cuál es la idea de Jánuca?

Los actos heroicos de los Macabeos suscitaron desde siempre sentimientos de orgullo y de elevación de espíritu nacionales. Pero el milagro de Jánuca significa heroísmo espiritual. En los días de Jánuca, se recita: “Los poderosos se han rendido ante los débiles y pocos doblegaron a una multitud”.

Los líderes espirituales judíos de los tiempos pasados expresaron en su literatura la importancia de ser héroes de la paz. La kedushá (santidad) y no la fuerza física, ha sido entronizada como el ideal más elevado de la educación judía. Toda la lucha de un pequeño número de judíos, contra el poderoso imperio sirio-helénico, fue una guerra de Kidush Hashem (Santificación del Nombre).

Una guerra ideológica, que se inspira en un gran y profundo ideal. Fue la primera vez que un grupo de personas se alzaron en defensa de su país y su cultura, y se convirtieron en mártires de su fe, por sus convicciones. Se trata, probablemente, del primer movimiento de liberación nacional en la historia de la humanidad. La victoria de los líderes Hasmoneos, fue una victoria de ideas, una victoria del espíritu. Luego de la liberación de Jerusalem por los Macabeos, Iehuda y sus hermanos limpiaron inmediatamente de toda impureza al Beit Hamikdash (Gran Templo). Y festejaron en una atmósfera digna y solemne la renovación y la santificación del altar, en presencia de todo el pueblo.

Jánuca se celebra durante ocho días. El primer día se enciende una vela y cada día se agrega una vela más al candelabro. Cada día la festividad se torna más elevada y radiante. Junto con este milagro de Renovación, la tradición judía logró el milagro de convertir la historia del pasado en una realidad actual: el surgimiento del Estado de Israel renueva así la gesta de los Hasmoneos. Fácil es convertir la historia en un libro, pero es mucho más difícil recrear la historia y otorgarle vida. Mientras encendemos en nuestros hogares las velas de la janukiá, aparecen delante de nuestras miradas, los héroes y mártires de todas las generaciones que sacrificaron sus vidas por el pueblo judío, por el Estado de Israel y por la lucha de todos los hombres y pueblos del mundo en aras de su libertad, su dignidad, sus derechos y sus convicciones.

Que las luces de Jánuca iluminen nuestros días y que podamos iluminar la vida de otros.

Jag HaUrim Sameaj

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