La historia está viva: Palau del Lloctinent

Al principio, pasan desapercibidas. Pero una vez vistas, parece increíble no haber reparado antes en ellas.
¿Qué hacen unas piedras con inscripciones hebreas salpicando los muros del Palau del Lloctinent? Este edificio de la plaza del Rei no solo está fuera de los límites de lo que en su día fue el Call de Barcelona, sino que además se construyó por orden del emperador Carlos V en el siglo XVI, mucho después del saqueo de 1391, que supuso la desaparición del barrio judío de la ciudad (murieron en torno al 10% de los 4.000 que vivían entonces, y los demás huyeron o se convirtieron al cristianismo).
“Son lápidas del cementerio judío de Montjuïc, que una vez abandonado se reaprovechó el material para otras construcciones”, explica el historiador Jordi Casanovas, especialista en epigrafía hebrea. Al desaparecer como comunidad, añade, los judíos dejaron deudas tras de sí, que sus acreedores exigían cobrar. “Las piedras eran un elemento muy preciado, y el cementerio judío era era una propiedad real, así que el rey facilitó que se pudieran aprovechar esas piedras como pago de servicios o deudas, de una forma ordenada”, afirma Casanovas, autor de la tesis ‘Las inscripciones funerarias hebraicas medievales en España’.
EXCAVACIONES EN EL SIGLO XX
El reaprovechamiento de las lápidas funerarias de Montuïc comenzó justo después de los ataques contra los judíos de 1391 y tuvo su apogeo en el siglo XV. Con el tiempo, el antiguo cementerio judío cayó en el olvido, hasta que unas excavaciones para el campo de tiro olímpico a mediados del s.XX sacaron a la luz lápidas enteras, en su lugar original.
En el Palau del Lloctinent no hay lápidas enteras, sino fragmentos recortados para que encajaran en los muros. Por eso, apenas puede leerse nada con sentido. En algunas, la inscripción está del revés, señal de que solo importaba su valor como bloque. Donde mejor se ven es en el muro que da a la plaza de Sant Iu, en un lateral de la catedral donde suelen actuar los músicos callejeros junto a una escalera, donde hay al menos 10 piedras del antiguo cementerio judío, muchas de ellas cerca de la barandilla de la escalinata. En una de las inscripciones mejor conservadas se distinguen las palabras ‘duelo’, ‘lamento’ y ‘Yosef’.

Las inscripciones más visibles están en la plaza de Sant Iu, cerca de una escalinata

Aunque ya no se puede saber a quiénes correspondían esas lápidas, y qué historias esconden, las piedras fascinan a los que las ven por primera vez. “Es la pequeña historia, la de las anécdotas y curiosidades, cada vez gusta más buscar las huellas del pasado”, explica Joan Coll, guía y fundador de Cultruta, empresa que organiza rutas culturales por Barcelona. El relato de las piedras judías en un palacio cristiano es uno de los que más interés despierta en sus recorridos turísticos. “Como guía es muy gratificante explicar cosas nuevas a los visitantes en su propia ciudad”, afirma Coll.
El fundador de Cultruta destaca que el reciclaje en construcción es algo que se ha hecho desde siempre. Hasta la muralla romana de Barcelona tiene restos de obras anteriores. En el caso de las lápidas judías, Casanovas ha catalogado más de 60 piezas reutilizadas encontradas en varios puntos de la ciudad (aunque en el Palau del Lloctinent es donde son más visibles). Y está convencido de que aún hay más: “En cualquier momento pueden aparecer nuevos fragmentos, la historia está viva”.
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