79 Aniversario de la “Kristallnacht”

Los eventos de Kristallnacht representaron uno de los más importantes puntos decisivos de la política antisemita nacionalsocialista. Los historiadores han notado que después del pogrom, la política anti-judía se concentró más y más concretamente en las manos de las SS. Además, la pasividad con la cual la mayoría de los civiles alemanes respondió a la violencia señalaba al régimen nazi que el público alemán estaba preparado para medidas más radicales. El régimen nazi expandió y radicalizó las medidas dirigidas a la completa eliminación de los judíos de la vida social y económica alemana en los años venideros, moviéndose eventualmente hacia políticas de emigración forzada, y finalmente hacia la realización de una Alemania “libre de judíos” (judenrein) a través la deportación de la población judía “hacia el este”.Así, Kristallnacht figura como un momento decisivo fundamental en la persecución de los judíos por los nazis, que culminó en el intento de aniquilar a los judíos europeos.
La violencia empezó a estallar en varias partes del Reich durante toda la noche y la madrugada del 9 al 10 de noviembre. A la una y veinte de la mañana el 10 de noviembre, Reinhard Heydrich, en su capacidad de jefe de la Policía de Seguridad (Sicherheitspolizei) mandó un telegrama urgente a las oficinas centrales y estaciones locales de la Policía Estatal y a los líderes de las SA en sus varios distritos, que contenía directivas respecto a los disturbios. Equipos de las SA y la Juventud Hitleriana a través Alemania y sus territorios anexados participaron en la destrucción de casas y negocios judíos; miembros de muchos de los equipos llevaban ropa de civiles para apoyar la ficción que los disturbios eran expresiones de la “reacción del público indignado”.
A pesar de la apariencia exterior de una violencia espontánea, y los caracteres locales del pogrom en las distintas regiones del Reich, las órdenes centrales que venían de Heydrich contenían instrucciones específicas: los alborotadores “espontáneos” no podían tomar medidas que pudieran dañar personas o propiedad alemana no judía; no podían someter a los extranjeros (aún los extranjeros judíos) a actos violentos; y tenían que sacar los archivos de las sinagogas antes de destrozar esas y otras propiedades de las comunidades judías, y debían transferir esos archivos al Servicio de Seguridad (Sicherheitsdienst, o SD). Las órdenes también indicaban que los oficiales de la policía debían arrestar la mayor cantidad de judíos que las cárceles locales pudieran alojar, preferiblemente hombres jóvenes y sanos.
Los alborotadores destrozaron 267 sinagogas a través de Alemania, Austria, y los Sudetes. Muchas sinagogas ardieron toda la noche, a plena vista del público y los bomberos, que habían recibidos ordenes de intervenir solamente para prevenir que la llamas se extendieran a edificios cercanos. Miembros de las SA y la Juventud Hitleriana a través del país destrozaron las vitrinas de aproximadamente 7.500 establecimientos comerciales de propiedad judía y los saquearon. Los cementerios judíos también fueron particular objeto de profanación en muchas regiones.
El pogrom fue particularmente destructivo en Berlín y Viena, hogar de las dos comunidades judías más grandes del Reich alemán. Grupos de hombres de las SA rondaban por las calles atacando judíos en sus casas y forzándolos a realizar actos de humillación publica. Aunque el asesinato no figuraba en las directivas centrales, Kristallnacht se cobró las vidas de por lo menos 91 judíos entre el 9 y 10 de noviembre. El archivo policial del periodo documenta que un alto número de violaciones y suicidios ocurrieron con posterioridad a los disturbios.
Mientras el pogrom se extendía, unidades de las SS y la Gestapo (policía secreta estatal) bajo instrucciones de Heydrich arrestaron a hasta 30.000 hombres judíos y transfirieron a la mayoría desde las cárceles locales a Dachau, Buchenwald, Sachsenhausen y otros campos de concentración. Kristallnacht marca la primera instancia en la cual el régimen nazi encarceló a judíos en una escala masiva basándose simplemente en su etnicidad. Cientos murieron en los campos a causa del tratamiento brutal que soportaron; la mayoría consiguieron la liberación en los próximos tres meses bajo la condición que empezaran el proceso de emigración de Alemania. Por cierto, los efectos de Kristallnacht servirían para estimular la emigración de judíos de Alemania en los meses venideros.
Kristallnacht resulta ser un punto de inflexión crucial en la política alemana con respecto a los judíos y puede considerarse como el verdadero comienzo de lo que ahora se llama el Holocausto .
  1. Por ahora, es claro para Hitler y sus principales asesores que la inmigración forzada de judíos fuera del Reich no es una opción factible.
  2. Hitler ya está considerando la invasión de Polonia.
  3. Numerosos campos de concentración y campos de trabajos forzados ya están en operación.
  4. Las Leyes de Nuremberg están en su lugar.
  5. La doctrina del lebensraum se ha convertido en un principio rector de la ideología de Hitler. Y,
  6. La pasividad del pueblo alemán frente a los acontecimientos de la Kristallnacht dejó en claro que los nazis encontrarían poca oposición, incluso de las iglesias alemanas.

Aquella noche vi arder la sinagoga desde la ventana de mi casa, cuando ya nos íbamos a la cama. Luego vinieron unos hombres, nos sacaron a la calle, registraron la casa, sacaron todas las cosas de los armarios y las tiraron por el suelo; se llevaron a mi padre. Mi madre, mi hermana, mi hermano y yo estuvimos tres semanas sin saber qué había sido de él. Luego nos enteramos de que estaba trabajando como esclavo en el campo a unos kilómetros de Köningswerg.
Hoy se sabe con bastante certeza que los cuerpos militarizados del III Reich actuaron activamente en los pogromos de noviembre, vestidos de civiles para acentuar la percepción de que era el pueblo alemán quien se erigía contra el “mal” judío. El atentado que había perpetrado el joven Herschel Grynszpan, mas que ser un detonante, no ya causante de aquélla brutalidad, fue una excusa perfecta para el régimen nacionalsocialista.
Incluso tras el gran impacto que había producido el pogrom en los medios internacionales, Goebbels insiste en convertir a Herschel Grynszpan en la personificación del elemento judío a erradicar. El muchacho permanece encarcelado durante más de veinte meses sin juicio, período de tiempo en el que se inicia la II Guerra Mundial y la conquista de gran parte de Francia por parte del gobierno nazi. Finalmente, en julio de 1940 Grynszpan es entregado al gobierno alemán, que comienza a prepara con avidez un juicio que debía tener una gran relevancia propagandística. Herschel, que permaneció con vida estos convulsos años a la espera de un juicio, desaparece. Lo más probable es que muriera entre 1942 y 1943 . Sin mayor interés en las hipótesis infructuosas, hoy más que nunca podemos dar a este relato, tan complejo como trágico, una lectura actual. Las fronteras se cierran, y muchos esperan, sino a la decisión de los estados, a la miseria, y algunos a la muerte.
Es oportuno, en este punto, retroceder unos años en la historia de Alemania. Desde el ascenso al poder de la NSDAP (Partido Nacionalsocialista Alemán) en 1933, los derechos de la población judía residente en el país se vieron en un constante detrimento. El nuevo antisemitismo, que parte del antijudaísmo cristiano pero está ahora fuertemente influido por las concepciones raciales de finales del siglo XIX y la supuesta superioridad de una raza aria, se comienza a propagar de forma más o menos acelerada entre los seguidores del partido y otros miembros de la sociedad. No se trata en este caso de un fenómeno único de Alemania, puesto que podemos encontrar este desprecio y odio hacia la comunidad judía en otros países, incluso fuera de Europa. No obstante es dentro del gobierno de la NSDAP donde se hará bandera del antisemitismo y se comienza a perseguir el ideal de ser un país “judenfrei” o libre de judíos.
El punto más evidente de esta politización del antisemitismo son las Leyes de Nüremberg de 1935, a través de las cuales los judíos alemanes pierden prácticamente todos los derechos de su ciudadanía como el derecho al voto, la posibilidad de participar en la vida política e incluso interactuar de forma libre con otros alemanes. Así, se prohíben matrimonios mixtos y se delimita claramente quién era o no de descendencia judía, aplicando una concepción racial a las libertades y derechos del individuo.
Aunque existiera cierta resistencia a la aplicación de las Leyes de 1935, muchas comunidades judías de Alemania aceptan su destino pues piensan que este nuevo código marcará unos límites estables y que finalizará el ciclo de represión que estaban sufriendo. Hoy puede parecer complejo entender tal pasividad, pero la gran mayoría no esperaba en ningún caso las políticas infrahumanas que el gobierno nacionalsocialista llevaría a cabo en la siguiente década.
1935-lejos de poner fin al sufrimiento de los judíos alemanes, marca el comienzo de largos años de inquietud e inestabilidad. Se comienzan a registrar todas las personas judías con marcas en su pasaporte, se les prohíbe estrictamente poseer armas y se amplían campos de concentración.
El trato cada vez más degradante hacia la población judía había dado lugar al deseo de emigrar, no obstante, resultaba sumamente complejo salir del país. La minoría que había logrado huir hacia estados vecinos se veía amenazada por el expansionismo nazi, y en otros lugares vivían bajo el temor a la devolución forzada. La conferencia fue un fracaso, en cuanto dejaba a los judíos alemanes sin apenas escapatoria de las fronteras del Reich, pues solo unos pocos países como la República Dominicana ofrecieron un amplio asilo, pero a la dificultad burocrática se sumaba un viaje complicado y costoso. La mayoría alegaron no estar en una situación económica que permitiera acogerlos, y otros no quisieron aumentar su cota anual de inmigrantes, algunos se negaron en rotundo aludiendo a los problemas que conllevaría en sus países la presencia judía. Poco después, en octubre, Alemania toma los Sudetes que formaban parte de Checoslovaquia.
En ese mismo mes, tiene lugar uno de los momentos más relevantes para seguir con nuestro acercamiento a la Noche de los Cristales Rotos: comienza la Polenaktion (acción polaca).

Herschel no es el único joven judío que mostró más visión y más coraje que sus mayores en esos tiempos terribles. Después de todo, fueron los activistas juveniles del Bund y el movimiento sionista, tanto de izquierda como de derecha, quienes se unieron en los levantamientos del ghetto en Varsovia y otros lugares,
Desde hacía años vivían en Alemania un gran número de judíos emigrados desde la fronteriza Polonia, conocidos de forma popular como “Ostjuden” o judíos del este. A diferencia de sus correligionarios alemanes, muchos trabajaban en puestos de trabajo precarios e intermitentes, con pocos ingresos y malas condiciones de vida. La gran mayoría de ellos no había legalizado su estancia en el país o solicitado la nacionalidad alemana, por lo cual en octubre de 1938 expulsaron a más de 17 mil de “sin papeles” en la primera gran deportación de judíos desde Alemania. Sin otorgarles explicación alguna, sin poder llevar consigo pertenencias, fueron transportados en masa hacia la frontera entre los dos estados. Sin embargo, desde Polonia no supieron reaccionar y desde muchos puntos no permitieron que pasaran hacia el interior del país. Así, miles de personas quedaron en una tierra de nadie, sin apenas agua ni alimento. Entre estos judíos se encontraba la familia de Herschel Grynszpan.
Su padre, superviviente del Holocausto, tuvo la oportunidad de declarar años más tarde en el polémico juicio de Eichmann en Jerusalén, recogido por la pensadora Hannah Arendt. Decía Zindel Grynszpan que él, su mujer e hijos fueron llamados a la comisaría de policía de Hannover, donde había familias ya llorando, confusas. Engañados, pues se les había prometido que podrían regresar a sus hogares, esperaron un día entero.

A la edad de 17 años, como refugiado de la Alemania nazi que vivía ilegalmente en París, Herschel Grynszpan vio el mundo en 1938 como un lugar calamitoso y peligroso, una percepción que compartía con todos sus compañeros judíos. Sin embargo, a diferencia de ellos, era capaz de imaginar las atrocidades que los alemanes estarían dispuestos a llevar a cabo en los próximos años, y resolvió llamar la atención sobre la difícil situación de los judíos asesinando a un diplomático nazi.
Herschel, que en este momento vive en París, recibe una carta de su hermana relatándole los hechos. Según algunos autores, la injusticia que había sufrido su familia y otros tantos judíos polaco-alemanes, fue el causante último que le llevó atentar contra un miembro de la embajada alemana. Ahora bien, aquí comienzan a entremezclarse las conjetura de muchos pensadores de la época hasta historiadores del momento.

En un momento crucial en el caso Grynszpan, cuando el muchacho esperaba su juicio por asesinato en París, el abogado de Herschel hizo una propuesta notable a su cliente. Los franceses tenían miedo de la guerra con Alemania, señaló, y ningún jurado se atrevería a absolverlo del crimen si creían que había asesinado a un diplomático nazi como un gesto de protesta contra el Tercer Reich. Pero ¿y si su motivo era algo más íntimo? ¿Qué pasa si el diplomático nazi a quien mató era un depredador sexual que lo había seducido y luego lo había abandonado? De ser así, sugirió el abogado, el jurado podría ser persuadido de considerar todo el asunto como un caso de delito pasional más que como un asesinato político. Grynszpan rechazó la escandalosa teoría de la defensa e insistió en justificar su crimen como un acto legítimo de protesta contra el maltrato nazi del pueblo judío.
Herschel Grynszpan fue detenido por autoridades francesas, pero al no ser mayor de edad fue llevado a una presión de menores. La muerte de Ernst von Rath complicaba unas relaciones ya de por sí delicadas entre el gobierno de Francia y el III Reich, y Goebbels desde aquélla reunión de mandatarios nacionalsocialistas, instiga al pogrom.
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