Sucot

QUÉ SE HACE EN SUCOT
La palabra “Sucot” significa “cabañas”. Todos estamos obligados a comer ahí las comidas durante el transcurso de la fiesta, y preferiblemente a dormir en ellos también. Lo que es único acerca de estas “cabañas” es que son estructuras de pared, por lo general de madera o lienzo, pero sus techos deben ser de “schach” – material orgánico crecido de la tierra, tales como brotes de bambú, ramas u hojas de palma.
Comer y dormir en la sucá pretende recordarnos las cabañas que los judíos construyeron para sí mismos mientras deambulaban por el desierto durante cuarenta años. También recuerda las “nubes de gloria” que acompañaron al pueblo judío a lo largo de su travesía del desierto, la protección contra los elementos y otros peligros que acechaban en el suelo del desierto.

 

LAS CUATRO ESPECIES
Otra característica destacada de Sucot es el Lulav y Etrog, también conocida como las “Cuatro Especies”. Se trata de cuatro plantas específicas que se realizan durante el curso de las oraciones de Sukkot. Las cuatro especies son: El Lulav (una hoja de alta de un árbol de palmera datilera), el Hadas (hojas de mirto), el Arava (hojas de sauce), y el etrog (una fruta limón). Se enseña que las cuatro especies representan los cuatro tipos de caracteres entre los judíos.
LULAV AND ETROG
El Lulav es una planta que tiene gusto, pero sin olor – que simboliza los que estudian la Torá pero no hacían las suficientes buenas acciones, el Hadass tiene un buen olor, pero no tiene sabor – que simboliza los que hacen muchas buenas obras, pero se niegan a estudiar la Torá tanto como es debido, el Arava no tiene ni sabor ni olor – que simboliza a los que faltan, tanto en el estudio de la Torá y el cumplimiento de las buenas obras y el Etrog tiene tanto un buen sabor y un buen olor – que simboliza los que estudian la Torá y realizar buenas acciones.
Estas cuatro especies, entonces, simbolizan los cuatro arquetipos que conforman una nación, y en particular, a nuestra Nación. Al unir y hacer vibrar juntas a las cuatro especies en el marco de la plegaria, enfatizamos frente a Dios y en la compañía de nuestra Comunidad que las virtudes de confraternidad, unidad y cooperación nacionales y comunitarias deben ser nuestra meta colectiva, incluyendo a todos y a cada uno de los miembros de nuestro pueblo, aun cuando su comportamiento y sus compromisos no sean los más deseables.
El mensaje es doble, y poderoso: por un lado, afirmamos que de este barco, del barco del pueblo judío, nadie será abandonado – todos compartimos el mismo destino, debiendo asegurar la inter-responsabilidad que nos vincula -; por el otro, testificamos que nuestra fortaleza como pueblo está precisamente en la unión solidaria de nuestras partes, compartiendo las virtudes y los logros de unos con las dificultades y tropiezos de los menos agraciados.
No podemos – no debemos – “vibrar” frente a Dios y en el marco de nuestra nación con sólo una, dos o incluso tres de las especies: todas juntas componen a ese ser uno, variado, diverso, humano en sus avances y caídas, que hacen de nuestra nación un pueblo normal – hoy más que nunca, con el Estado de Israel como laboratorio de nuestro ser nacional -, y extraordinario, con las metas siempre elevadas que conducen nuestro camino nacional.