Franz Kafka

Los manuscritos de Kafka serán propiedad del Estado israelí

El checo había pedido a su amigo Max Brod que quemara sus escritos tras su muerte, que ocurrió en 1924, cuando el escritor judío tenía sólo 40 años, un pedido que no fue respetado.

En un veredicto hecho público el domingo en Tel Aviv, la juez de asuntos familiares Talia Kopelman Pardo, estimó que la colección de Brod debía ser legada a la Biblioteca Nacional de Jerusalén, cumpliendo así con su voluntad.

Franz Kafka había pedido a su amigo Max Brod que quemara todos sus escritos tras su muerte, que ocurrió en 1924, cuando el escritor judío praguense tenía sólo 40 años, un pedido que no fue respetado.

Tras la invasión de Checoslovaquia por Alemania en 1939, Max Brod emigró a Palestina, llevando con él los manuscritos de Kafka, un tesoro para los universitarios, que legó más tarde a su fiel secretaria, Esther Hoffe, tras morir en 1968.

En su testamento, Brod pidió a Hoffe legar los archivos, estimados en varios millones de dólares, a “la Universidad hebraica de Jerusalén, o a la Biblioteca Municipal de Tel Aviv, o a otra institución en Israel o en el extranjero”.

Pero la ex secretaria de Brod, que murió en 2007, repartió la sucesión entre sus dos hijas, creando así una disputa entre institutos universitarios, archivos nacionales alemanes e israelíes, y las herederas de Hoffe.

Finalmente, el tribunal decidió que “los escritos de Kafka, así como toda la colección de Brod, no pueden ser considerados como un regalo de Hoffe a sus hijas”.


Franz Kafka

Escritor judío checo, cuya desasosegadora y simbólica narrativa, escrita en alemán, anticipó la opresión y la angustia del siglo XX. Está considerado como una de las figuras más significativas de la literatura moderna; de hecho, el término ‘kafkiano’ se aplica a situaciones sociales angustiosas o grotescas, o a su tratamiento en la literatura. Kafka nació en Praga (que entonces pertenecía al Imperio Austro-húngaro) el 3 de julio de 1883, en una familia de clase media. Su padre, un comerciante, fue una figura dominante cuya influencia impregnó la obra de su hijo y (según Kafka) agobió su existencia. En Carta al padre, escrita en 1919, pero publicada, como casi toda su obra, póstumamente, Kafka expresa sus sentimientos de inferioridad y de rechazo paterno. A pesar de lo cual, Kafka vivió con su familia la mayor parte de su vida y no llegó a casarse, aunque estuvo prometido en dos ocasiones. Su difícil relación con Felice Bauer, una joven alemana a la que pretendió entre 1912 y 1917, puede ser analizada en Cartas a Felice (1967). Los temas de la obra de Kafka son la soledad, la frustración y la angustiosa sensación de culpabilidad que experimenta el individuo al verse amenazado por unas fuerzas desconocidas que no alcanza a comprender y se hallan fuera de su control. En filosofía, Kafka es afín al danés Sören Kierkegaard y a los existencialistas del siglo XX. En cuanto a técnica literaria, su obra participa de las características del expresionismo y del surrealismo. El estilo lúcido e irónico de Kafka, en el que se mezclan con naturalidad fantasía y realidad, da a su obra un aire claustrofóbico y fantasmal, como sucede por ejemplo en su relato La metamorfosis (1915). Gregorio Samsa, el protagonista, un voluntarioso viajante de comercio, descubre al despertar una mañana que se ha convertido en un enorme insecto; su familia lo rechaza y deja que muera solo. Otro de sus relatos, En la colonia penitenciaria (1919), es una escalofriante fantasía sobre las cárceles y la tortura. Contraviniendo el deseo de Kafka de que sus manuscritos inéditos fuesen destruidos a su muerte, el escritor austriaco Max Brod, su gran amigo y biógrafo, los publicó póstumamente. Entre esas obras se encuentran las tres novelas por las que Kafka es más conocido: El proceso (1925), El castillo (1926), y América (1927). Pese a haber estudiado Derecho en la Universidad de Praga, Kafka encontró un trabajo en una compañía de seguros hasta que la tuberculosis le obligó a abandonarlo. Intento reponerse primero junto al lago de Garda y después en Merano, hasta que el 19 de abril de 1924 tuvo que internarse en el sanatorio de Kierling, cerca de Viena, donde murió el 11 de junio de 1924.