Jánuca – La Fiesta de las Luminarias

Jánuca – La Fiesta de las Luminarias

Como muchas festividades del calendario judío, Jánuca conmemora un hecho histórico.

En el siglo II a.C., la Tierra de Israel era una provincia del imperio griego, dividida y gobernada por los sucesores de Alejandro Magno. Cuando se corona como rey de Siria a Antíoco Epifanes, este decide helenizar a los súbditos de las distintas provincias mediante la prohibición de religiones locales y la obligación de adorar a los dioses griegos. Mientras la mayoría de los pueblos se sometieron al edicto, solo resistieron los judíos, librando una eficaz guerra hasta que los conquistadores cedieron. Fueron los Macabeos, un grupo de judíos liderados por Yehuda Macabi (“martillo”), provenientes de la zona de Modi’ín, quienes organizaron la rebelión – probablemente el primer movimiento de oposición a la dominación que registra la historia de la humanidad – negándose a realizar actos que iban en contra de su propia religión. Tuvieron una lucha difícil, y eran minoría contra el ejército griego; sin embargo, su estrategia, decisión y fe los condujo al milagro de Janucá. Según el Talmud, al terminar la guerra, los Macabeos regresaron a Jerusalén y encontraron el Sagrado Templo profanado, con la menorá apagada, y aceite ritualmente puro suficiente para encenderla un solo día. Sin embargo, el aceite alimentó la llama durante ocho días.

Jánuca significa “inauguración” – el Templo fue inaugurado y consagrado nuevamente a los oficios judíos – y tiene la misma raíz en hebreo que la palabra Educación “Jinuj”. La raíz de esta palabra es compartida por los verbos “lajnoj” y “lejanej”, tiempo de inaugurar y educar, de renovar y transmitir. Lo que nos muestra que toda festividad judía contiene una idea y un sentido de transmisión. No solo conmemoramos el episodio histórico y la victoria de los héroes macabeos, sino que celebramos también la victoria del espíritu. En este sentido, Jánuca es denominada también “Jag HaUrim”, “La fiesta de las Luminarias”. Durante ocho días, en cada hogar judío se encienden las luminarias de la janukiá, convirtiendo a la luz en un símbolo esencial. Nuevamente, no solo recordamos la gesta heroica de los macabeos, sino también un triunfo de los valores espirituales de nuestro pueblo, el conocimiento y la sabiduría representados en la luz. A tal punto esto es así que la ley judía no exige celebrarla con comidas fastuosas, ni grandes festejos. Todo lo que nos pide es que, cada noche, al regreso de la tarea cotidiana – este año desde el anochecer del día 12 de diciembre – nos reunamos con nuestros seres queridos, encendamos las luminarias y entonemos melodías. Luz y melodía son símbolos del espíritu y de la energía que puede emanar del entorno que nosotros mismos debemos iluminar.

Como dijimos, el poderoso imperio sirio-helénico forzó a los pueblos conquistados a abandonar su identidad, sus creencias y sus tradiciones. Hoy, 20 siglos después, el diálogo y la convivencia con otras culturas son temas vigentes y debemos aspirar a que la respuesta al contacto con otras culturas no sea aislarse, ni encerrarse, ni asimilarse erosionando la propia identidad. Debemos prepararnos y preparar a las nuevas generaciones para vivir en un mundo cultural y religiosamente multifacético, en donde la diversidad no amenace la identidad y la identidad no excluya la convivencia armónica con lo diverso. Encender las velas de Januca puede ser una oportunidad para pensar en todos aquellos que lucharon y que luchan por su libertad, su dignidad, sus derechos y sus convicciones.

¡Jag Jánuca Sameaj!

d720f9cddc1bcc4ad8296bfd6a9f27be