Simjat Torá La re-creación constante

Simjat Torá

La re-creación constante

Al término de la festividad de Sucot, celebramos Simjat Torá, la fiesta de regocijo de la Torá, que señala la ocasión en que la lectura de la Torá finaliza, al tiempo que vuelve a iniciarse en una perspectiva cíclica, expresando, de este modo, la importancia del estudio constante para nuestra tradición.

En este sentido, Simjat Torá otorga expresión a la cadena indestructible de nuestra Torá, que enlaza las generaciones pasadas con las futuras. Y también afirma la vitalidad de nuestras fuentes a través de los tiempos: la lectura de la Torá concluye y comienza de nuevo, porque cada lectura aporta una perspectiva diferente y da lugar a nuevos aprendizajes.

El espectáculo de la celebración de Simjat Torá, cuando un pueblo entero se regocija cantando y bailando en torno y con los Rollos de la Ley, es un cuadro curioso pero también un testimonio maravilloso sobre el lugar que ocupa la Torá y el estudio para el pueblo judío: la alegría del estudio no es privilegio de los sabios, sino que la comparte el pueblo entero. Todos, sin excepción. Los Rollos de la Enseñanza no están guardados en lugares ocultos, para ser entendidos solamente por eruditos y elegidos. En el judaísmo, el estudio quedó democratizado desde la antigüedad y el amor al estudio fue transmitido por generaciones. Incluso los bebés y niños que aún no saben leer, durante la celebración son cubiertos por todos los hombres con su Talitot, simbolizando que la Torá le pertenece a todo judío en forma genérica aún antes de conocer el contenido de las letras que en ella están escritas.

Si bien la vida judía se encuentra signada por la periodicidad, la concepción del tiempo en el judaísmo integra un movimiento cíclico en el cual evocamos colectivamente sucesos que ocurrieron en el pasado y a los cuales regresamos y vivimos – aun simbólicamente – dentro de nuestro presente. Pero cada vez, regresamos diferentes y renovados. Con cada nuevo comienzo y con cada nueva lectura pareciera que se agregan textos y sentidos, porque nosotros mismos estamos habitados por nuevas historias y miramos a nuestro alrededor con nuevas perspectivas.

Abraham J. Heschel, uno de los principales pensadores judíos del siglo XX, reflexiona:

“…La Biblia no es un fin sino un comienzo; es un precedente, no una historia. El hecho de hallarse inserta en situaciones históricas determinadas no le ha impedido ser eterna. Nada en ella es subrepticio o vulgar. No es una epopeya sobre la vida de héroes, sino la historia de cada hombre bajo todos los climas y todas las épocas. Su tema es el mundo, el conjunto de la historia; contiene las pautas para la constitución de una humanidad unida, y elementos de orientación para plasmar esa unión. Muestra el camino a las naciones al igual que a los individuos. Continúa desparramando semillas de justicia y compasión, transmitiendo el clamor de Dios al mundo y horadando la coraza de indiferencia del hombre…”

Volvemos nuevamente al comienzo, al Génesis, con la esperanza de encontrar nuevos significados, con la esperanza de recrear nuestra existencia. Y alegres por nuestra herencia.

Jag Sameaj