Jag HaSucot

Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, el día 15 de Tishrei comienza Jag HaSucot, una de las fiestas más importantes del calendario judío. Comenzó siendo una celebración agrícola, y por eso se la conoce también como Jag HaAsif (Fiesta de las cosechas), una ceremonia de agradecimiento por una buena cosecha.
Con el tiempo, como sucedió con otras festividades judías, cobró un fuerte significado histórico. Igual que Pesaj se relaciona con el Éxodo, y Shavuot se asocia con la entrega de la Torá, Sucot vino a reflejar la experiencia en el desierto. Los cuarenta años vagando por el desierto antes de entrar a la Tierra Prometida fueron experimentados, simbólicamente, en la frágil Sucá: “Porque en cabañas hice vivir a los Hijos de Israel cuando les saqué de Egipto” (Levítico 23:43).
En la antigüedad fue una de las tres festividades de peregrinación a Jerusalem. Como en Pesaj y en Shavuot, el pueblo llevaba una porción de los primeros frutos de sus cosechas al Templo de Jerusalem. Destruido el Templo, se convirtió en una festividad que se celebra, básicamente, en el marco familiar, con costumbres, símbolos únicos y particulares.
La construcción de la sucá es una de las costumbres fundamentales de esta fiesta. Durante los siete días de Sucot debemos habitar en la sucá, una estructura frágil y precaria cuyo techo debe estar hecho de hojas y ramas. En contraste con una casa sólidamente edificada, la sucá es una vivienda transitoria, es un espacio modesto, sin comodidades, puede construirse en cualquier lugar y en este sentido representa el “hogar” de una persona errante. Habitar la sucá nos devuelve esa experiencia del paso por el desierto, símbolo también de la vida del pueblo judío en la diáspora.
La sucá es también y sobre todo, un lugar para el encuentro. Se reciben visitas con quienes se comparten comidas y el tiempo festivo. La hospitalidad es uno de los valores principales de la vida judía y especialmente, en Sucot, se espera que cumplamos con el precepto de Hajnasat horjim (recibir invitados).
Uno de los principios más importantes de la estructura de la sucá es la igualdad. Si en la construcción permanente hay enormes diferencias habitacionales entre las posibilidades de las personas, tratándose de la sucá, todos pueden construirla puesto que cualquier material es apto. De esta manera, la tradición nos exige salir de nuestras casas, símbolo del éxito material o la falta del mismo, y “habitar” en una construcción que poco puede testimoniar acerca de la posición económica del hombre.
“Y te alegrarás en la fiesta” (Deuteronomio, XVI:14,15) Jag HaSucot es la única festividad en la cual la alegría es una mitzvá (precepto) explícita en la Torá. Por eso se la conoce también con el nombre de Zman Simjateinu. Una alegría interna que no depende de factores externos sino de la posibilidad de experimentar una dimensión sagrada del tiempo en el que se nos revela la belleza de lo simple.
Las cuatro especies, Arbaat Haminim, son un símbolo particular de Sucot: Etrog (cidra), Lulav (ramas de palmera), Hadas (mirto) y Aravá (ramas de sauce). Cada uno de ellos representan distintos tipos de seres humanos, sus relaciones en la sociedad, su capacidad de ser tolerantes unos con otros y de convivir armoniosamente.
Sucot es un encuentro con nuestras posibilidades de salir de nuestros límites seguros y de nuestras fortalezas materiales para encontrarnos con otros, con los vínculos que nos fortalecen, regocijarnos con las cosas simples y reencontrarnos con nuestra humanidad. Es un tiempo para redescubrir el pasado, cuestionar el presente y construir un futuro mejor.