La Hagadá de Pesaj

La Hagadá de Pesaj, en tanto “Narración”, “constituye en conjunto el himno de libertad más antiguo que se conoce y, después de la Biblia, el libro más popular, más leído, más editado, más comentado y más traducido de la literatura judía.”
Así lo testimonia el poeta judeo argentino Carlos Grünberg, uno de los fundadores de la Sociedad Hebraica Argentina, en la pag. XI de la Hagadá (Narración) de su autoría, corroborando los comentarios de investigadores célebres desde hace siglos.

Pesaj, en tanto historia del pueblo judío como hazaña de la libertad, es la Narración donde las preguntas son fundamentales, porque es tiempo de libertad, de memoria, de reflexión. De reflexión, dado que relata la entrada en el desierto, en una inmensidad que descubre y enfatiza el valor de lo humano como señal común, en cada uno de nosotros, que será memoria para ser pueblo.
Pesaj es cuestionamiento, porque resignificamos en cada ocasión el relato, el tránsito de la esclavitud a la libertad. La libertad es un mandato. El ser humano es libre por construcción sagrada. Es su característica inherente y se instrumenta por una condición única y decisiva: el acto de pensar. Pesaj enseña a pensar la libertad, privilegiando las preguntas. El contenido, en cada época, de “volver a salir de Egipto”. En el antiguo español “recordar” es “despertar”. Ya estuvimos en Egipto. “¿En qué se diferencia esta noche de todas las demás noches?”, pregunta el más joven. Un nuevo aprendizaje.
La Hagadá dará cuenta del tránsito entre pasado y futuro. Así, la mesa del Seder será la geografía del encuentro de la familia judía. Seder es orden, orden de la celebración. A partir de la Hagadá, podemos tomar conciencia de los “faraones” actuales. De las injusticias y sometimientos de nuestro tiempo. En tal sentido, este tránsito de la memoria “ya estuvimos en Egipto”, al aquí y ahora, puede resumirse en la reflexión de Elie Wiesel, Socio Honorario de Hebraica, sobreviviente de Auschwitz y premio Nobel de la Paz: “Lo contrario de la memoria no es el olvido, es la indiferencia.”

Como primera asociación libre, entre otras tantas que aparecen al mismo tiempo, una fecha emblemática: 19 de abril de 1943. Primer noche de Pesaj. Cuarenta mil judíos del ghetto de Varsovia, sobrevivientes de los seiscientos mil que lo habitaban, resolvieron levantarse en armas contra los nazis. Durante 42 días fueron protagonistas de uno de los episodios más heroicos de la II° Guerra Mundial. Fue hazaña por la libertad, en la primer noche de Pesaj.

“Salir de Egipto” hoy, también supone preguntar y llegar a saber que cantamos, de pie, en cada celebración patriótica “…ved el trono a la noble igualdad…”
“Salir de Egipto” significa “matzá” para todos. “Matzá”, el pan de la pobreza. Es decir, la pobreza en la inmensidad del desierto, tenía pan. El Éxodo nos enseñó a convertirnos en elaboradores y distribuidores de pan, nuestro pan, la “matzá”. “Matzá” para todos es una forma de la libertad, en tanto necesidad biológica. No al hambre. Es indigno.

Hubo un Éxodo en el siglo XX, no demasiado conocido. El traslado de más de trece mil judíos etíopes de Addis Abeba a Tel Aviv en escasas 36 horas, amenazados en su tierra natal con eliminarlos por la dictadura militar en el gobierno. Fue a través de un puente aéreo. Israel los llevó a la libertad, al depositarlos en la tierra del pueblo judío. En pocas horas, se encontraron con cinco siglos de diferencia cultural. Así lo relató Jacob Elias, coordinador de la hazaña, invitado por Hebraica a contar semejante éxodo, denominado Operación Moisés.

Hebraica volverá a proponernos una celebración para todos y cada uno, en el desafío permanente de “salir de Egipto” y aprehender la libertad.

 

Gerardo Mazur